domingo, 3 de enero de 2016

May Day: la poesía como consigna frente a la muerte




May Day: 
la poesía como consigna frente a la muerte



Los que estudian la literatura con criterios puristas recomiendan no mezclar al autor con su obra. Pero voy a hacer exactamente lo contrario: voy a hablar de May Day en relación a Melvyn Aguilar. Es decir, voy a hablar de cómo se prolonga su  mirada de creador a través de este libro de poemas, recientemente publicado por Ediciones Espiral.
En este poemario a Melvyn le urge contarnos algo. De ahí su nombre, May Day, que como nos lo recuerda Cristian Marcelo en el prólogo, es un código  internacional para pedir auxilio en situaciones  de emergencia que, repetido tres veces, es signo de un peligro mayor. Veamos pues el contenido de este llamado urgente, impostergable, hecho en clave de poesía.
Todo comienza con la visión de una niña, en el viejo patio, que, entre un conejo muerto y una tortuga besa sus labios, los de Melvyn-niño,  y luego desaparece. Todo lo que sigue en el libro está marcado por la constante ausencia/presencia de esta niña mítica. De ahí que aparezca trasmutada de muchas maneras a lo largo del texto.
Al salir en pos de ella  el poeta va descubriendo un mundo en constante peligro de destrucción que está poblado de fieros animales, caracoles de niebla, mirlos que han perdido su vuelo. En cierto momento, en algún parque, donde hay un viejo “gastando horas” dice no entender a la niña que sueña. Pero continúa, tenaz, su  búsqueda, aún cuando: “Hoy es invierno…llueve sobre el agua/ y la niña calla”.
Su travesía lo convierte en un observador agudo, herido por lo que mira a través de su ventana: “muros, murallas, cordilleras se derrumban” y por lo que ve dentro de sí: “Debo llorar este dolor/ para que el odio/  no se convierta en tiranía…”.Es una visión a veces apocalíptica, desmesurada siempre, de un universo interior que solo puede salvarse en la búsqueda y hallazgo de la niña del comienzo.
En la tercera parte del libro, Caída libre, el poeta se detiene en la contemplación extasiada de la niña mujer: “tiene maños/ pequeñas/ la palabra/ grande/ y un demonio/ en su lengua”. Se trata de la mujer-poesía, como figura mítica, lo que busca? He aquí una clave que nos puede ayudar a contestar el interrogante: “Es clara/ como una azucena”, dice…es como una brisa/ que apacigua/ el viejo bosque/ que me aprisiona…”
Buscándola, hurgándola en sí mismo, Melvyn nos muestra a través de la fantasía errante de su presencia, su mundo-bestiario. Hay hormigas, lagartos, albatros, golondrinas, cangrejos, gatos, caracoles; la pluma de un pájaro hace cimbrar la tierra. “Hay un volcán en mi cabeza, dice, “Waterloo en mi cabeza, la dama de blanco en mi cabeza, rosas coloidales filtrándose en mi océano gris, medusas…como auroras de vino”.
 La travesía lo lleva a dialogar con otras tradiciones de escritura y voces definitivas. Vuelve a formas poéticas que recuerdan a Eunice Odio una y otra vez. Dice saber algo de Leopoldo Panero,  para quien la poesía es de otro mundo como la locura. Hasta llegar a ese “poema reticular”, hacia el final del libro, donde el poeta se reencuentra con ella, la mujer del origen, la niña ya doncella, que teje una guirnalda en el jardín y vuelve a nacer posando sus ojos en el universo. “Afianzó su cuerpo recién salido de la humedad/ a las cosas cálidas del mundo/ y supo reconocerse en ellas…”.
Aquí ella es el ánima, imagen arquetípica de lo eterno femenino (para decirlo en lenguaje junguiano) que el poeta reconoce dentro de sí merced a su trabajo con la palabra; ella es  la poesía, perdida y hallada en su labor incesante de creador.
Como el gnomo que cualquier mañana te abre su corazón de pájaro, su mano prodigiosa de creador de mitos y mundos se ha reencontrado con la fuente de su quehacer. Dándonos así una poesía donde algo grave ocurre siempre. Donde destrucción y belleza amenazan por doquier. Poesía de Melvyn Aguilar,  que naufraga en la flor de su memoria y grita tres veces Mayday. Tres veces su llamado en el caos oscilante del mundo, su mundo. Gritos alucinantes en el oficio de tejer y destejer caos y esperanza. Con una mirada quefabula y confabula, que duele, renace, duele, siempre dispuesto a que “si el río nos llama, iremos al río”. Si la poesía nos llama desde adentro iremos a ella. Expresión acabada de ello es este libro, tres veces herido y pronunciado, como una consigna llameante que salva- nos salva- de la muerte, del olvido.

Edmundo Retana

No hay comentarios:

Publicar un comentario